Hay historias que una no elige, pero sí puede elegir cómo atravesarlas. A mí me diagnosticaron un cáncer de cuello de útero (cérvix) en 2020, en plena pandemia. Y lo más desconcertante fue que, dos meses antes, mis revisiones “habían salido bien”.
Este artículo no es médico. Es mi experiencia: lo que pasó, lo que pensé, lo que me sostuvo… y lo que vino después, cuando creí que ya había terminado.
⚠️ Aviso importante
Lo que vas a leer aquí es mi vivencia personal y no sustituye orientación médica, psicológica ni terapéutica. Cada caso es distinto: si estás pasando por un proceso oncológico, consulta siempre con tu equipo sanitario.
Aceptar no fue rendirme: fue dejar de pelearme con la realidad para concentrarme en lo único posible cuando el cáncer volvió y el cuerpo cambió.
En este artículo encontrarás:

✦ 1. Cómo empezó mi cáncer de cuello de útero (cérvix) y por qué insistí hasta que me escucharon
Yo notaba que algo no estaba bien. Empecé a sangrar y, aunque en urgencias y en revisiones me decían que “todo estaba correcto”, mi cuerpo seguía insistiendo.
Hubo un momento en el que pensé: “No puede ser normal llevar semanas así”. Y tomé una decisión que hoy repetiría: buscar otra opinión.
Esa tercera ginecóloga activó el protocolo y ahí empezó todo. Lo pongo porque sé que muchas mujeres se sienten pequeñas cuando no les cuadra algo, y no debería ser así: nos conocemos.

✦ 2. La llamada del diagnóstico y esa sensación de “no puede estar hablándome a mí”
Recuerdo el momento en que me confirmaron el diagnóstico. Estaba trabajando, con la cabeza en mil cosas, y recibí la llamada de la doctora:
«Es cáncer».
Mi primera reacción fue extraña: como si me estuvieran hablando de otra persona. Yo solo preguntaba: «Vale. ¿Qué tengo que hacer ahora?»
Con el tiempo entendí que no era frialdad: era impacto. A veces la mente se protege así.
Hoy sé que ese fue también el inicio de un camino interior que, aunque no elegí, me obligó a mirar hacia dentro.
✦ 3. La pregunta que me machacaba y el diálogo interno que me cambió el foco
Durante días, mi mente repetía una sola frase:
¿Por qué no me lo han detectado antes?
Hasta que un día decidí cambiar la pregunta (y esto fue un antes y un después):
¿Esta pregunta me sirve ahora?
¿Me ayuda a curarme, a sostenerme, a atravesar lo que viene?
La respuesta fue clara: no.
Así que la aparqué. No porque no importara, sino porque no era el momento. Y cambié el foco a otra pregunta:
¿Qué puedo hacer yo para llevar esto de la mejor manera posible?
✦ 4. El dolor y el momento en que el cuerpo manda más que la mente
Si tuviera que definir el cáncer con una palabra, en mi caso sería: dolor.
Dolor físico, sostenido, y a veces tan intenso que te deja sin margen para “ser fuerte” o “gestionar bien”. Ahí entendí algo importante: cuando el cuerpo duele de verdad, la mente no siempre puede con todo. Y está bien.
A veces deseamos poder aliviar tanto sufrimiento pero no hay palabras que consuelen cuando el dolor es extremo.
Yo era anti-medicamentos antes de esto… y hubo momentos en que miraba el reloj esperando la siguiente pastilla. No por debilidad: por supervivencia.

✦ 5. Qué me sostuvo durante el tratamiento: cuerpo, mente y una parte espiritual (sin religión)
Sin darme cuenta, empecé a sostenerme desde tres lugares:
Cuerpo: cambios de alimentación y suplementación (acompañada por una persona con conocimiento).
Mente: herramientas para aprender a alejar los pensamientos negativos y que la mente no jugara en mi contra, meditación, respiración, foco. También darle algo a lo que agarrarse para que no me arrastrara.
Espiritualidad: sin religiones ni etiquetas; para mí fue pedir ayuda cuando el miedo o el dolor me superaban.
No lo cuento para convencer a nadie. Lo cuento porque fue parte de mi camino. Y porque, cuando estás en un proceso así, todo lo que te sostenga con honestidad cuenta.

✦ 6. Por qué escribí mi primer libro en “tiempo real” mientras lo vivía
Yo buscaba historias reales de mujeres con mi tipo de cáncer y no encontré nada. Una amiga me dijo algo que se me quedó grabado:
“Escríbelo tú, mientras lo vives. Porque con el tiempo las emociones se difuminan.”
Un día, en uno de esos “días medio buenos”, empecé.
Lo escribí en tiempo real: lo que pasaba fuera y lo que pasaba dentro. Cómo iba afrontando cada paso, cada reto que se me ponía delante.
Cáncer de útero. Mi paréntesis vital (aunque mi diagnóstico fue cáncer de cuello de útero / cérvix).
✦ 7. Cuando el cáncer volvió: dolor extremo, ostomías y una reconstrucción más profunda
Esta primera etapa coincide con mi primer libro.
Pero después, el cáncer se reprodujo, el proceso se endureció y los aprendizajes fueron más profundos.
El dolor se volvió casi insoportable. Afectó al nervio ciático y llegó un punto en el que no podía ponerme de pie. Comía, cenaba y vivía tumbada. Estar sentada era imposible.
Ese mes, para no volverme loca, hice lo único que podía hacer: crear.
Creé cuadernos, diarios de meditación, grimorios… No como un proyecto, sino como una forma de mantener la cabeza ocupada y no centrarme todo el tiempo en el dolor.
Si quieres profundizar en por qué mantener la mente ocupada puede ser una herramienta de sostén en momentos difíciles, lo explico con más detalle aquí:
La importancia de mantener la mente ocupada cuando todo pesa

Para cuando el cáncer vuelve
Hay un punto en el que el miedo deja de ser una idea y se vuelve algo muy real: vigilancia, alerta, cansancio mental, “¿otra vez?”.
He escrito una carta para acompañarte justo ahí: para que entiendas que tu reacción es normal y no estás sola.

El golpe más duro: despertar con dos ostomías
Cuando el cáncer volvió por segunda vez, mi ginecólogo me dijo que había que operar. Yo estaba deseando la operación para que me quitaran de dentro aquello que me provocaba tanto dolor.
Pero al despertar en la UCI, me di cuenta de que algo no encajaba.
No tenía ganas de hacer pis.
Ahí me explicaron que el cáncer había afectado a la vejiga y al recto, y que habían tenido que extirparlos. Me desperté con dos bolsas adheridas al abdomen.
Ese fue el peor momento de todo el proceso.
Mi primer pensamiento fue:
“Para vivir así, prefiero morirme.”
El segundo, inmediato:
“No puedo morirme. Tengo dos hijos y todavía me necesitan.”
Después vinieron en cascada todos los miedos:
si podría andar, trabajar, cómo quedaría mi cuerpo, qué sería de mi vida.
Mi mundo se vino abajo.
También puedes escucharlo en podcast aquí → La operacion de doble ostomía que puso mi vida patas arriba
La conversación frente al espejo que lo cambió todo
Al poco tiempo, el cáncer volvió a aparecer otra vez. Y yo todavía estaba adaptándome a las bolsas.
Un día, mirándome al espejo, tuve otra conversación conmigo misma:
“Si todo el mundo tuviera dos bolsas en el abdomen, ¿estarías llorando ahora?”
La respuesta fue "no".
“¿Y por ser diferente tienes que estar mal?”
Otra vez, "no".
Ahí entendí algo que hoy repito mucho:
nuestro diálogo interno puede machacarnos… o puede ayudarnos a sobrevivir.
Yo elegí lo segundo. No porque fuera fácil, sino porque no tenía otra opción.
Vivir después de haber estado a punto de no hacerlo
Hoy vivo con mucha más calma.
Antes estaba en la vorágine del trabajo, los hijos, las exigencias. Ya había tenido una toma de conciencia años atrás, pero ahora no me quedó alternativa.
Cuando has estado a punto de no poder contarlo, la perspectiva cambia.
Doy gracias —sobre todo— por mis hijos.
Y siento que, si sigo aquí, es para acompañar a otras personas que estén atravesando algo parecido.
Ahora veo a alguien enfadarse por no encontrar aparcamiento y pienso:
“Madre mía… si eso fuera lo importante.”
Todo este proceso, la pérdida del cuerpo anterior y la reconstrucción de identidad, lo desarrollo en profundidad en mi segundo libro:
Renacer en mi otro cuerpo.
Si prefieres escucharme, aquí cuento todo este proceso en una entrevista.
La grabé cuando ya había terminado todo el tratamiento y pude poner palabras a lo vivido.
✦ 8. Si estás al principio: lo único que me atrevo a decirte sin infantilizarte
Con el tiempo entendí que el dolor no solo se sobrevive, sino que también puede transformarse en una fortaleza interior que te sostiene cuando la vida se rompe. Si estás en ese punto, aquí comparto cómo fue ese proceso para mí y qué me ayudó a atravesarlo: cómo transformar el dolor en fortaleza cuando la vida se rompe.
No sé tu caso. No puedo hablar por ti.
Pero sí puedo decirte lo que a mí me ayudó cuando todo era demasiado:
- Escucha tu intuición si algo no te cuadra.
- Cambia la pregunta: de “¿por qué?” a “¿qué puedo hacer hoy?”
- No intentes “ser fuerte” todo el tiempo.
- Pide ayuda (médica, emocional, práctica).
- Mantén tu mente ocupada
- Trata de no hacer al cáncer el centro de tu vida, más de lo estrictamente necesario.
Y, sobre todo: no atravieses esto sola si puedes evitarlo.
A veces, lo más valiente no es aguantar.
Es dejar de pelearte con lo que ya está ocurriendo
y empezar a sostenerte de verdad.
Si estás en pleno diagnóstico o acompañas a alguien:
aquí tienes mi guía gratuita con lo que a mí me habría ayudado saber desde el principio.
Descargar la guía
Y si este texto te ha removido por una posible recaída:
he escrito una carta para quien recibe (o teme recibir) ese “ha vuelto”.
Es un acompañamiento íntimo para ese momento concreto, sin consejos ni respuestas médicas.
Leer la carta
Si has llegado hasta aquí y no sabes qué puede ayudarte ahora,
he preparado una página con recursos y lecturas para distintos momentos.
💬 Si te apetece, cuéntame en comentarios: ¿en qué parte del proceso estás tú (o la persona a la que acompañas) y qué es lo que más te está costando ahora mismo? Te leo.

Raquel Aldavero
Escritora y autora de libros de crecimiento personal y resiliencia.
Tras atravesar un cáncer y otros procesos vitales que transformaron mi identidad, escribo para acompañar a personas que viven momentos de dolor, cambio profundo o reconstrucción interior.
Comparto lo que he aprendido sobre aceptar, soltar y volver a habitar la vida cuando nada es como antes.
Mis recursos para acompañarte
Estos recursos pueden complementar y ayudarte a profundizar un poco más en este tema.

📘Guía Gratuita para pacientes de cáncer y familiares
En esta Guía recopilé toda la información que me hubiera gustado tener cuando me diagnosticaron cáncer (tanto para pacientes como para familiares)
✨Si estás en un momento de mucha ansiedad mental:
Echa un vistazo a mi libro para aprender a calmar tu mente.
📌El poder de hacerte las preguntas correctas
A veces no se trata de encontrar respuestas, sino de cambiar la pregunta para aliviar el sufrimiento mental y recuperar claridad.
¿Quieres recibir nuevos artículos?
Si te gustaría recibir más contenido práctico, puedes suscribirte a mi newsletter.
Te escribiré cada cierto tiempo con recursos prácticos, reflexiones y herramientas para cuidar tu mente y tu corazón.
¿Te ha ayudado este artículo?
Quizá pueda servirle a alguien más.
A veces un enlace llega justo a la persona que lo necesita. Si crees que este contenido puede acompañar a alguien de tu entorno, puedes compartirlo por WhatsApp, email o redes.
¿Quieres compartir cómo lo estás viviendo? Te leo aquí abajo.
Gracias por llegar hasta aquí. Si te apetece compartir tu experiencia, dejar una duda o simplemente escribir algo que necesites expresar, este es un espacio seguro y respetuoso. Te leo con cariño.
